Identificación inicial
Se revisa el elemento sospechoso a partir de la antigüedad del inmueble, el tipo de material y su aspecto. Cuando no puede descartarse, se valora tomar una muestra de forma controlada para analizarla en laboratorio.

Seguridad, control y gestión responsable
Cubiertas de fibrocemento, bajantes, depósitos, placas y conductos: describe el elemento que quieres retirar y te ponemos en contacto con empresas especializadas que trabajan en tu zona. Explicamos también cómo se identifica el material, cómo se planifica la intervención y qué pasa con el residuo.
Qué es y por qué importa
El amianto, o asbesto, es un conjunto de minerales fibrosos que durante décadas se mezclaron con cemento para fabricar placas, tuberías y depósitos. Ese material, conocido popularmente como fibrocemento o por marcas comerciales de la época, era barato, resistente y aislante, y se instaló de forma masiva en viviendas, naves, granjas y equipamientos hasta que su comercialización quedó prohibida en España en 2002.
El riesgo no está en el material intacto y bien conservado, sino en las fibras que se liberan al aire cuando se rompe, se corta, se lija o se degrada con el paso del tiempo. Por eso la recomendación general es no manipularlo por cuenta propia y valorar su estado antes de cualquier obra.
Esta web no ejecuta trabajos: recoge la información de tu caso y la traslada a empresas especializadas para que puedan valorarlo y presentarte un presupuesto. La información publicada es orientativa y no sustituye una evaluación presencial.
Cómo funciona
Ninguna retirada es igual a otra: el procedimiento cambia según el material, su estado, la altura, el acceso y si el edificio está ocupado. Estas son las seis etapas habituales de una intervención, desde la primera sospecha hasta la entrega de la documentación final.
La empresa que asuma el trabajo confirmará el procedimiento aplicable, los plazos y las medidas concretas antes de comenzar.
Se revisa el elemento sospechoso a partir de la antigüedad del inmueble, el tipo de material y su aspecto. Cuando no puede descartarse, se valora tomar una muestra de forma controlada para analizarla en laboratorio.
La empresa comprueba superficie, altura, estado de conservación, accesos para maquinaria, zonas ocupadas del edificio y el punto de acopio y salida del residuo.
Se redacta el plan de trabajo con el procedimiento, los equipos de protección, la duración prevista y las medidas frente a la dispersión de fibras. Los trabajos con amianto requieren autorización previa de la autoridad laboral.
Se delimita y señaliza la zona, se protegen huecos y accesos y, según el caso, se aplican confinamientos, aspiración con filtro absoluto o humectación del material.
El desmontaje se realiza en piezas enteras siempre que es posible, evitando cortar, romper o lijar, y con limpieza continua del área de trabajo.
El material se embala y etiqueta, se traslada a un gestor autorizado y se entrega la documentación de la intervención y del destino del residuo.
Materiales habituales
Placas onduladas de fibrocemento en viviendas, garajes, naves, granjas y almacenes. Son el caso más frecuente y el que más superficie suele implicar.
Tuberías de evacuación, canalizaciones enterradas y depósitos de agua instalados en fincas y viviendas antiguas, muchas veces ocultos en patinillos o azoteas.
Cerramientos, divisiones, revestimientos, jardineras, conductos de ventilación y elementos de cuartos técnicos que pueden contener amianto en su composición.
Cuándo actuar
No todo material antiguo debe retirarse de inmediato, pero sí conviene saber en qué estado está y qué ocurrirá si se toca.
El fibrocemento se usó de forma habitual en España hasta que su comercialización quedó prohibida en 2002. En edificaciones anteriores conviene revisar antes de reformar.
Fisuras, capas superficiales que se desprenden, musgo, roturas por granizo o placas que se deshacen al tacto indican deterioro y aconsejan una valoración.
Cualquier reforma, derribo o cambio de cubierta que afecte al material obliga a identificarlo antes de empezar, no durante los trabajos.
Tras una rotura no debe barrerse ni recogerse el material en seco: conviene aislar la zona y consultar con una empresa especializada.
Marco normativo
Los trabajos con riesgo de exposición al amianto están regulados en España por el Real Decreto 396/2006. En la práctica esto implica tres cosas: la empresa debe estar inscrita en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA), debe presentar un plan de trabajo que la autoridad laboral apruebe antes de empezar, y su personal debe tener formación específica y vigilancia de la salud.
A ello se suma la gestión del residuo: el material retirado es un residuo peligroso, debe embalarse y etiquetarse, transportarse con la documentación correspondiente y entregarse a un gestor autorizado.
Muchos municipios están elaborando además censos de instalaciones con amianto y calendarios de retirada. Antes de contratar, merece la pena consultar en tu ayuntamiento si existen obligaciones o ayudas específicas en tu zona.
Preguntas frecuentes
Respuestas a las dudas más habituales sobre identificación, plazos, costes y gestión del residuo. Cada inmueble y cada material requieren, aun así, una valoración concreta.
No siempre puede confirmarse a simple vista. La antigüedad del inmueble, el uso del elemento y su aspecto orientan la valoración, pero la única forma de confirmarlo es analizar una muestra tomada de forma controlada por personal especializado. Si tienes dudas, indícalo en la solicitud y descríbelo con el mayor detalle posible.
No es recomendable. Cortar, perforar, lijar, romper o barrer estos materiales libera fibras al aire, que es precisamente el riesgo que se quiere evitar. Además, los trabajos con amianto están regulados y deben realizarlos empresas inscritas en el registro correspondiente, con un plan de trabajo aprobado.
Las empresas que intervienen con amianto deben estar inscritas en el Registro de Empresas con Riesgo por Amianto (RERA) de su comunidad autónoma y contar con personal formado, vigilancia de la salud y un plan de trabajo autorizado por la autoridad laboral antes de comenzar.
El tipo y el estado del material, la superficie o los metros lineales, la altura y la pendiente, la accesibilidad para plataformas o grúas, la necesidad de trabajar con el edificio ocupado, la sustitución posterior de la cubierta y el coste del transporte y la gestión del residuo.
Una cubierta pequeña de vivienda puede resolverse en una o dos jornadas, mientras que una nave de gran superficie puede requerir varias semanas. A ese tiempo hay que sumar la tramitación previa del plan de trabajo, que no es inmediata.
En comunidades de propietarios lo habitual es aprobar la intervención en junta y avisar a los vecinos de las fechas, las zonas afectadas y las recomendaciones durante los trabajos, como mantener ventanas cerradas en las áreas próximas.
Se embala, se etiqueta como residuo peligroso, se transporta con la documentación correspondiente y se entrega a un gestor autorizado. Al finalizar deberías recibir justificación del destino del residuo.
Algunos ayuntamientos y comunidades autónomas han convocado ayudas o bonificaciones para sustituir cubiertas de fibrocemento, pero varían por territorio y por año. Conviene consultarlo en la administración local antes de contratar.
Primera valoración
Indica el tipo de material, la superficie aproximada, la altura y la ubicación, y adjunta fotografías si puedes hacerlas sin acercarte al elemento. Con esos datos la empresa podrá preparar una primera estimación y decidir si necesita visita técnica.